Fray Antonio de Valdivieso, obispo mártir por la defensa de los indígenas

Fray Carlos Díez Rojo, O.P.

Contexto histórico

Fray Antonio de Valdivieso fue contemporáneo de Fray Bartolomé de Las Casas. Ambos eran obispos y dominicos que defendieron los derechos de los indígenas ante la Corte Española. Aunque Valdivieso ya había recibido el cargo de obispo de Nicaragua en 1943, todavía no se había hecho la misa de consagración, porque en aquel tiempo, según las normas litúrgicas y canónicas de la Iglesia se necesitaban tres obispos para eso. Viajó hasta Honduras para consagrarse obispo, y allí tenían que llegar Francisco Marroquín, obispo de Guatemala, Cristóbal de Pedraza, obispo de Honduras, y Bartolomé de Las Casas, obispo de Chiapas (México). Los dos primeros obispos se retrasaron varios meses, así que Valdivieso y Las Casas tuvieron tiempo de intercambiar experiencias y apoyarse mutuamente ante las dificultades, según se ve por dos hermosas cartas que escribieron y firmaron juntos.

Es fácil suponer que las mismas situaciones de opresión, abusos e injusticias que conoció y denunció Bartolomé de Las Casas las conoció y las sufrió también Antonio de Valdivieso, que murió apuñalado por denunciar a los mismos que cometían tales injusticias y a los que él denunció en varias cartas que escribió al Rey de España y a otras autoridades.

Para conocer la situación que se vivía en la diócesis de Nicaragua, donde fue obispo Monseñor Valdivieso, lo mejor es escuchar lo que decía el Rey el año 1550 a los jueces de Nicaragua y otros países de Centroamérica:

«He recibido una carta de Martín de Villalobos, escrita desde Nicaragua, a donde fue enviado para conocer la situación de los indígenas, a los que tenían en gran desorden. Dice que ha disminuido mucho la población y que en una hacienda donde había dos mil indígenas, ahora no llegan a cuarenta. Y que los españoles les imponen tantos servicios y trabajos, y tanta clase de sufrimientos, que le asustan a uno. Que acostumbran a azotar a mujeres y hombres por poca cosa, a quemarlos con paja, untándolos de aceite, y que los atan de pies y manos y los ponen en hormigueros.

        Y además corrompen y violan a muchas indígenas, Y que también, además de otros trabajos, los sacan fuera de sus casas durante seis u ocho meses, y a veces tres y cuatro años, para que corten y sierren madera para los barcos. Y que sucede que, como la tierra es tan caliente, y el lugar donde cortan madera está a tres o cuatro leguas del agua que tienen que beber, las mujeres tienen que llevar el agua en cántaros de más de una arroba, con el hijo encima y además una calabaza de agua para beber ellas en un día que tardar en ir y otro en volver, y que las maltratan.

        Y que en esa Provincia de Nicaragua hay desobediencia al obispo, y que tiene poco temor de sus censuras, y otras cosas.

        Y que se han llevado al Perú más de seis mil indios libres a venderlos como esclavos».

Esta situación que se vivía en Nicaragua, donde fue obispo Valdivieso, se repetía en otros muchos lugares de América. Pero además Valdivieso tuvo que denunciar varias veces al Gobernador Rodrigo de Contreras, que vivía en la misma ciudad que el obispo, en León (Nicaragua).

En un juicio que se le hizo a Contreras, el juez le acusa de muchas injusticias como éstas:

  • no procurar que los indígenas reciban educación cristiana,
  • venderlos como esclavos,
  • no castigar a un criado suyo que mató a dos indígenas,
  • cambiar a los alcaldes sin razón, sólo para poner de alcaldes a amigos suyos,
  • poner a varios indígenas al servicio de su esposa y sus hijos, siendo éstos unos niños,
  • quitar las tierras a unos españoles para dárselas a sus propios criados,
  • maltratar, encarcelar y azotar a los que se quejaban por su mala actuación y prohibirles ir a poner la denuncia ante otros jueces.
  • Impedir que se diesen a conocer las leyes que prohibían el maltrato a los indígenas,
  • no pedirle cuentas al tesorero de la Provincia porque es su yerno,
  • permitir que los encomenderos que tiene indígenas a su servicio los traten como esclavos.

Esta fue la situación que se encontró Antonio Valdivieso cuando llegó a Nicaragua como obispo. Su denuncia provocó que la familia Contreras lo matase a puñaladas.

Biografía

Nació en la ciudad de Burgos (España) donde se hizo dominico.

El 26 de febrero de 1550 fue asesinado en la ciudad de León (Nicaragua), donde era obispo.

En la carta que escribe al Rey en 1546 le dice: «Cuando usted me nombró para este obispado, yo lo acepté solamente por servir a Dios y al Rey; porque sabía, como hombre que ya había estado en Las Indias, que lo único que iba a con seguir era poner en riesgo mi alma, mi vida y mi honra. Porque en Las Indias no se conservan la vida y el respeto haciendo el bien, sino el mal«. Con eso da a entender dos cosas: que ya había estado en América antes de que lo nombrasen obispo, y que ya conocía la injusticia y corrupción que había.

Es muy probable que el obispo de Chiapas, Bartolomé de Las Casas, influyese en el Rey para que nombrase obispo a Valdivieso. Al elegirle obispo se le encarga que nombre cuatro sacerdotes para la catedral, que ponga en paz a los indígenas que se habían rebelado, que cobre y distribuya los diezmos en Nicaragua y que investigue los excesivos cobros de los sacerdotes por los sacramentos.

Después de seis meses de viaje llega a Nicaragua. No tardó mucho tiempo en conocer los problemas de su diócesis y las causas que los provocaban, pues a los pocos días de su llegada a León las autoridades de la ciudad escriben una carta al Rey para informarle de los crímenes que cometía a diario la familia de los Contreras y el juez abre un juicio contra el tesorero de la Provincia. La carta y el juicio le sirvieron al obispo como un cursillo para conocer la realidad que le iba a tocar vivir. Aunque el juez condenó al tesorero por los robos que había hecho, otro tribunal superior anuló la sentencia. Así Valdivieso descubrió rápidamente la corrupción con que actuaban algunas autoridades. Y cuando el obispo quiso cambiar las muchas cosas que estaban mal, tuvo que sentir en carne propia las exigencias, renuncias y peligros que ese trabajo le exigía.

Las denuncias que comenzó a hacer Valdivieso la causaron problemas con Rodrigo de Contreras, Gobernador de la ciudad de León. Así que el obispo tuvo que irse a vivir a la ciudad de Granada, desde donde escribe que no se puede hacer nada por la libertad de los indígenas, pues el primero que los maltrata es el Gobernador Contreras, además el tribunal no quiere aplicar las Leyes Nuevas que mandan respetar a los indígenas, y el licenciado Alonso Maldonado es el primero en poner obstáculos para su cumplimiento.

A partir de ese momento empieza a sentir lo duro que es oponerse a los poderosos. Recibe amenazas, no le pagan, los tribunales no hacen caso a sus justas denuncias, los sacerdotes se le marchan porque la vida en Nicaragua es más cara que en otras partes y no tiene con qué pagarles, las autoridades no castigan a los delincuentes, no muestran ningún interés por defender a los nativos, lo insultan cuando trata de ayudarlos, etc.

Fray Antonio de Valdivieso tuvo que viajar a Honduras para la ceremonia de consagración de obispo. Cuando vuelve a Nicaragua después de varios meses, encuentra la situación igual o peor que antes de irse. Es inútil pedir justicia; no puede ejercer su ministerio episcopal; los indígenas son cada día más explotados, los tratan peor que a esclavos, las autoridades civiles ponen dificultades para pagarle, a pesar de las cartas del Rey ordenando a sus oficiales que le paguen su sueldo completo. Ante esta situación no basta la buena voluntad del obispo ni la autoridad que tiene como tal.

A pesar de todas las dificultades para cumplir su misión, Monseñor Valdivieso se maravilla en algunas cartas por los frutos que va produciendo la evangelización. En su humildad no sabe a qué atribuirlo. No se le ocurre pensar que el riesgo a diariamente soporta por la libertad de los nativos es la mejor predicación, el testimonio de amor que nadie puede ocultar.

Desde el primer día que llegó a Nicaragua como obispo entendió que su misión estaba unida a la defensa de los nativos, y que no podía aceptar que los españoles se dijesen cristianos mientras esclavizaban a los indígenas. Pero también entendió claramente que se jugaba la vida al denunciar la injusticia y enfrentarse a los poderosos. Incluso tuvo momentos de crisis al ver el mucho trabajo y los pocos resultados de su predicación, pero siguió en su puesto de trabajo.

Y lo temido llegó. Siempre había entendido que el mayor culpable de los problemas era el Gobernador Rodrigo de Contreras, que se había adueñado de todo y había convertido a las autoridades en sus cómplices. Cuando el Rey de España, informado por el obispo, quiere actuar contra el Gobernador Contreras quitándole el poder absoluto y las tierras que había robado, sucede lo anunciado por el obispo. Los hijos de Contreras se sublevan contra el Rey, se niegan a dejar de actuar como opresores y tiranos en la región y asesinan al obispo que les denunció y no quiso bendecir sus atropellos. Incluso quisieron extender sus dominios y sus robos otros lugares como Panamá y Perú.

El 26 de febrero de 1550 apuñalaron el cuerpo de Mons. Antonio Valdivieso los mismos que durante muchos años habían maltratado a miles de indígenas. Su sangre derramada es la culminación de su misión como sacerdote y víctima que se ofrece para quitar el pecado del mundo, de su diócesis: la esclavitud, la injusticia, el genocidio. A los pocos días del asesinato, el obispo de Guatemala Francisco Marroquín escribe al Rey para contarle lo que ha escuchado: que Hernando de Contreras, hijo del Gobernador Rodrigo de Contreras, había matado al obispo, se había rebelado contra el Rey y había robado el dinero del tesoro y las varas de los alcaldes. También el juez de Perú informa al Rey de España de que la muerte del obispo la habían planeado el Gobernador, su esposa y sus dos hijos, junto con otros delincuentes que el juez había expulsado de Perú y otros condenados que habían escapado de la prisión.

Aportes y significación

Fray Antonio de Valdivieso ocupa con méritos propios un lugar entre los luchadores por la defensa de los oprimidos. Al conocer la situación que le tocó vivir uno piensa en las condiciones en que viven todavía muchos indígenas y pobres en Guatemala y Centroamérica, sufriendo las mismas opresiones e injusticias que provocaron la denuncia y el martirio de Mons. Valdivieso en Nicaragua. Al conocer su ejemplo, junto al de otros obispos cercanos como Monseñor Romero en El Salvador y Monseñor Gerardi en Guatemala, aprendemos a mirar con respeto y amor a los mártires que dan la vida por los demás. Son los testigos de la fe, que hacen posible la esperanza de los pobres y entregan su vida para dar nueva vida a los pueblos.

Mucho podemos aprender de la fortaleza, hambre y sed de justicia, incorruptibilidad, entrega generosa y desinteresada de fray Antonio de Valdivieso y otros obispos mártires.