Evangelio del día

Domingo 07 de Abril

Lectura del santo Evangelio según San Juan 8, 1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los letrados y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron:
–Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras: tú, ¿qué dices ?.
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.
Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.
Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:
–El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oirlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos, hasta el último.
Y quedó solo Jesús, y la mujer en medio, de pie.
Jesús se incorporó y le preguntó:
–Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado?
Ella contestó:
–Ninguno, Señor.
Jesús dijo:
–Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.

Comentario bíblico

“¿Dónde están los que te acusaban?”
 
Siendo el único testimonio recogido en los relatos evangélicos, nos llega esta conmovedora narración (Jn 8, 1-11). Si bien presenta los rasgos de un texto lucano, en realidad es Juan quien lo incorpora en su constructo redaccional. Quizá su escandalosa trama inhibió a los demás evangelistas, dejándolo por fuera. Sin embargo, no cabe duda que estamos ante el ejemplo más extremo del alcance de las entrañas compasivas de Dios, en su vinculación con el ser humano.
 
En el marco más amplio de la escena, de un lado aparecen los representantes oficiales de la religión, abanderados del legado de Moisés. En el otro, tenemos a Jesús, cuyas referencias más destacadas ventilan su estrecha cercanía con pecadores. Este contexto deja entrever un mundo dividido por un sustrato moral que desencadenará una airada lección de vida del Maestro para sus oyentes. 
 
Todo empezó luego que Jesús pasara la noche en “el monte de los Olivos”. El dato no resulta fortuito, ya que sugiere que el Maestro después de orar, al amanecer, regresó lleno de Dios. Entonces fue al templo, “donde la multitud se le acercaba; y él sentado entre ellos, les enseñaba”. Estando allí, los escribas y fariseos le llevaron a una mujer. La ubicaron frente a él y le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido encontrada en flagrante adulterio. Moisés nos manda en la ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?”
 
Llamarle “Maestro” no significa, necesariamente, que lo reconozcan como tal. Si saben lo que dice la ley, ¿por qué acuden a Jesús? Posiblemente el evangelista quiere evidenciar el estado de tensión en las relaciones. Por eso, ellos llegan con sus argumentos de autoridad, citando la ley que Moisés les dejó. Pero, si pretendían poner a prueba a Jesús, fueron ellos quienes terminaron pasando apuros. Mientras lo interrogaban, Jesús escribía con el dedo, en el suelo, algo que nunca sabremos. Quizá fue un recurso disuasorio para calmar sus alteradas emociones. Luego, después de la insistencia de sus interlocutores, “se incorporó y les dijo: Aquel de ustedes que no tenga pecado, que tire la primera piedra”.
 
Ante contundente sentencia, “los acusadores comenzaron a escabullirse uno tras otro, empezando por los más viejos”. Es decir, las personas sabias y prestigiadas fueron las primeras en retirarse. La inconsistencia de sus postulados desnuda la hipocresía de una sociedad y una religión construidas con las premisas de un patriarcado rancio y falaz, que sigue pesando sobre personas y grupos sociales históricamente vulnerados. Si la mujer fue encontrada en evidente adulterio, ¿dónde está el hombre con quien lo cometió? Quizá los acusadores se fueron avergonzados, sintiéndose el rostro visible de una moral machista e impune.
 
Pero lo más relevante aún no acontece. Habiéndose quedado solo con la mujer, Jesús le dice: “¿Dónde están los que te acusaban?” Sin dar tregua, pregunta otra vez: “¿Nadie te ha condenado?” La respuesta es obvia: “Nadie, Señor”. Entonces Jesús pronuncia las palabras más relevantes de todo el proyecto salvífico de Dios: “Tampoco yo te condeno”. No sabemos qué pasó después con esta mujer. Pero, seguramente no volvió a ser la misma. Tiene ante sí la posibilidad de empezar de nuevo, dignificada por la infinita misericordia de un Dios que siempre nos anima, a pesar de nuestra fragilidad, a emprender el camino de la vida.
 
¡Feliz domingo!
 
Fray Carlos Irías, OP.

 

Evangelio del día:  08 de Abril de 2019

Primera lectura

Primera Lectura: Daniel 13,1-9.15-17.19-30.33-62

Vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín. Se había casado con una mujer llamada Susana, hija de Jilquías, que era muy bella y temerosa de Dios; sus padres eran justos y habían educado a su hija según la ley de Moisés. Joaquín era muy rico, tenía un jardín contiguo a su casa, y los judíos solían acudir donde él, porque era el más prestigioso de todos. Aquel año habían sido nombrados jueces dos ancianos, escogidos entre el pueblo, de aquellos de quienes dijo el Señor: «La iniquidad salió en Babilonia de los ancianos y jueces que se hacían guías del pueblo.» Venían éstos a menudo a casa de Joaquín, y todos los que tenían algún litigio se dirigían a ellos. Cuando todo el mundo se había retirado ya, a mediodía, Susana entraba a pasear por el jardín de su marido. Los dos ancianos, que la veían entrar a pasear todos los días, empezaron a desearla. Perdieron la cabeza dejando de mirar hacia el cielo y olvidando sus justos juicios. Mientras estaban esperando la ocasión favorable, un día entró Susana en el jardín como los días precedentes, acompañada solamente de dos jóvenes doncellas, y como hacía calor quiso bañarse en el jardín. No había allí nadie, excepto los dos ancianos que, escondidos, estaban al acecho.
Dijo ella a las doncellas: «Traedme aceite y perfume, y cerrad las puertas del jardín, para que pueda bañarme.»
En cuanto salieron las doncellas, los dos ancianos se levantaron, fueron corriendo donde ella, y le dijeron: «Las puertas del jardín están cerradas y nadie nos ve. Nosotros te deseamos; consiente, pues, y entrégate a nosotros. Si no, daremos testimonio contra ti diciendo que estaba contigo un joven y que por eso habías despachado a tus doncellas.»
Susana gimió: «¡Ay, qué aprieto me estrecha por todas partes! Si hago esto, es la muerte para mí; si no lo hago, no escaparé de vosotros. Pero es mejor para mí caer en vuestras manos sin haberlo hecho que pecar delante del Señor.»
Y Susana se puso a gritar a grandes voces. Los dos ancianos gritaron también contra ella, y uno de ellos corrió a abrir las puertas del jardín. Al oír estos gritos en el jardín, los domésticos se precipitaron por la puerta lateral para ver qué ocurría, y cuando los ancianos contaron su historia, los criados se sintieron muy confundidos, porque jamás se había dicho una cosa semejante de Susana. A la mañana siguiente, cuando el pueblo se reunió en casa de Joaquín, su marido, llegaron allá los dos ancianos, llenos de pensamientos inicuos contra Susana para hacerla morir.
Y dijeron en presencia del pueblo: «Mandad a buscar a Susana, hija de Jilquías, la mujer de Joaquín.» Mandaron a buscarla, y ella compareció acompañada de sus padres, de sus hijos y de todos sus parientes.
Todos los suyos lloraban, y también todos los que la veían. Los dos ancianos, levantándose en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre su cabeza. Ella, llorando, levantó los ojos al cielo, porque su corazón tenía puesta su confianza en Dios.
Los ancianos dijeron: «Mientras nosotros nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas. Cerró las puertas y luego despachó a las doncellas. Entonces se acercó a ella un joven que estaba escondido y se acostó con ella. Nosotros, que estábamos en un rincón del jardín, al ver esta iniquidad, fuimos corriendo donde ellos. Los sorprendimos juntos, pero a él no pudimos atraparle porque era más fuerte que nosotros, y abriendo la puerta se escapó. Pero a ésta la agarramos y le preguntamos quién era aquel joven. No quiso revelárnoslo. De todo esto nosotros somos testigos.»
La asamblea les creyó como ancianos y jueces del pueblo que eran. Y la condenaron a muerte.Entonces Susana gritó fuertemente: «Oh Dios eterno, que conoces los secretos, que todo lo conoces antes que suceda, tú sabes que éstos han levantado contra mí falso testimonio. Y ahora voy a morir, sin haber hecho nada de lo que su maldad ha tramado contra mí.»
El Señor escuchó su voz y, cuando era llevada a la muerte, suscitó el santo espíritu de un jovencito llamado Daniel, que se puso a gritar: «¡Yo estoy limpio de la sangre de esta mujer!»
Todo el pueblo se volvió hacia él y dijo: «¿Qué significa eso que has dicho?»
Él, de pie en medio de ellos, respondió: «¿Tan necios sois, hijos de Israel, para condenar sin investigación y sin evidencia a una hija de Israel? ¡Volved al tribunal, porque es falso el testimonio que éstos han levantado contra ella!»
Todo el pueblo se apresuró a volver allá, y los ancianos dijeron a Daniel: «Ven a sentarte en medio de nosotros y dinos lo que piensas, ya que Dios te ha dado la dignidad de la ancianidad.»
Daniel les dijo entonces: «Separadlos lejos el uno del otro, y yo les interrogaré.»
Una vez separados, Daniel llamó a uno de ellos y le dijo: «Envejecido en la iniquidad, ahora han llegado al colmo los delitos de tu vida pasada, dictador de sentencias injustas, que condenabas a los inocentes y absolvías a los culpables, siendo así que el Señor dice: “No matarás al inocente y al justo.” Conque, si la viste, dinos bajo qué árbol los viste juntos.» Respondió él: «Bajo una acacia.»
«En verdad –dijo Daniel– contra tu propia cabeza has mentido, pues ya el ángel de Dios ha recibido de él la sentencia y viene a partirte por el medio.»
Retirado éste, mandó traer al otro y le dijo: «¡Raza de Canaán, que no de Judá; la hermosura te ha descarriado y el deseo ha pervertido tu corazón! Así tratabais a las hijas de Israel, y ellas, por miedo, se entregaban a vosotros. Pero una hija de Judá no ha podido soportar vuestra iniquidad. Ahora pues, dime: ¿Bajo qué árbol los sorprendiste juntos?»
Él respondió: «Bajo una encina.»
«En verdad –dijo Daniel– tú también has mentido contra tu propia cabeza: ya está el ángel del Señor esperando, espada en mano, para partirte por el medio, a fin de acabar con vosotros.»
Entonces la asamblea entera clamó a grandes voces, bendiciendo a Dios que salva a los que esperan en él.
Luego se levantaron contra los dos ancianos, a quienes, por su propia boca, había convencido Daniel de falso testimonio y, para cumplir la ley de Moisés, les aplicaron la misma pena que ellos habían querido infligir a su prójimo: les dieron muerte, y aquel día se salvó una sangre inocente.

Salmo

Sal 22,1-3a.3b-4.5.6 R/. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 8,12-20

EN aquel tiempo, Jesús habló a los fariseos, diciendo:
«Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida».
Le dijeron los fariseos:
«Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero».
Jesús les contestó:
«Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y adónde voy; en cambio, vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie; y, si juzgo yo, mi juicio es legítimo, porque no estoy yo solo, sino yo y e! que me ha enviado, el Padre; y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo doy testimonio de mí mismo, y además da testimonio de mí el que me ha enviado, el Padre».
Ellos le preguntaban:
«Dónde está tu Padre?».
Jesús contestó:
«Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre».
Jesús tuvo esta conversación junto al arca de las ofrendas, cuando enseñaba en el templo. Y nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.

Palabra del Señor.

Reflexión del Evangelio de hoy

Hermanas y hermanos. El Evangelio de este día es continuación del que hemos oído y reflexionado el día de ayer, quinto domingo de Cuaresma. Por tanto, estamos en sintonía total con el mensaje que hemos meditado.
Hoy contemplamos a Jesús hablando con los fariseos. Destaca con mucha importancia que Jesús se define como la Luz del Mundo. Y no perdamos de vista este detalle porque es un hilo conductor que engancha muy bien con lo que analizamos en la lectura del domingo, el famoso relato de la mujer hallada en adulterio.
Al definirse a sí mismo como Luz del Mundo, Jesús se manifiesta como Verdad, como Camino y Vida también. Y es que la Luz ilumina lo que está oscuro, saca de la tiniebla a nuestra la historia y nos lleva a ver las cosas con otros ojos, viendo todo como es, tal cual.
Es maravilloso leer, y he aquí el vínculo existente entre la lectura de hoy con la de ayer, que a pesar de que el mismo Jesús se define como la Luz, la Verdad por tanto, y al reconocerse cercano al Padre, él dice que no juzga a nadie. Y echa en cara a la humanidad de juzgar todo según la carne (nuestros fallos). Es paradójico. Nosotros, seres humanos frágiles, juzgamos cruelmente a nuestros hermanos y hermanas desde nuestros propios fallos. Y resulta que Jesús, siendo Dios y Luz que nos saca del error, perfección, Verdad, no hace lo mismo. Jesús, en su perfecciòn e iluminación, perdona nuestra fragilidad, aún antes de que se lo pidamos. Es un amor gratuito que alcanza a todas y todos.
Aprendamos de Jesús y seamos siempre Luz y no juicio.
Fraternalmente,

Fray Roberto Castellón, OP.

Martes  09 de Abril

Primera lectura

Lectura del libro de los Números 21,4-9:

En aquellos días, desde el monte Hor se encaminaron los hebreos hacia el mar Rojo, rodeando el territorio de Edom. El pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés: – «¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo.» El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo: – «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes.» Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió: – «Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla.» Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.

Salmo

Sal 101,2-3.16-18.19-21 R/. Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti

Señor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti;
no me escondas tu rostro el día de la desgracia.
Inclina tu oído hacia mí;
cuando te invoco, escúchame en seguida. R/.

Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión
y aparezca en su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones. R/.

Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 8,21-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: – «Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros.» Y los judíos comentaban: – «¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?» Y él continuaba: – «Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis por vuestros pecados: pues, si no creéis que yo SOY, moriréis por vuestros pecados.» Ellos le decían: -«¿Quién eres tú?» Jesús les contestó: – «Ante todo, eso mismo que os estoy diciendo. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él.» Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús: «Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada.» Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

Reflexión del Evangelio de hoy

Ya adentrándonos a los últimos días del tiempo de Cuaresma, las lecturas que nos propone la liturgia para reflexionar en este camino preparatorio a la Pascua, nos van indicando algunos motivos por los cuales Jesús es condenado a muerte.
El Evangelio según san Juan expresa la identidad de Jesús. Él se llama: “YO SOY”, que nos hace recordar aquel diálogo que tiene Moisés con Dios manifestado en forma de una zarza ardiendo. Y es que, cuando Moisés pregunta a Dios qué va a decir para que crean que ha sido enviado por Dios,  es Dios mismo quien le revela su forma de estar en el pueblo, como el “YO SOY”, argumento necesario para que el pueblo crea.
Es así que Jesús se muestra como el “YO SOY”, revelándose tambièn como enviado por Dios y siendo unidad con él. Es por ello que muchos creen, pero otros no. Esta manera de manifestación divina de Jesús nos hace pensar en el gran acontecimiento que ocurriría días después: su Pascua, su paso de la muerte a la vida, de esta vida a una vida otra, a una vida mejor, que está en sintonía con la Pascua judía, en la cual el pueblo pasaría de una vida cruel a una vida mejor.
Por esta manera de expresar será condenado Jesús ante el Sanedrín, porque le consideran blasfemo al hacerce llamar igual a Dios o Hijo de Dios.
¿Nosotros hemos descubierto a Jesús como el YO SOY? ¿Qué nos falta para poder verlo de esta manera?
Fraternalmente,
Fray Roberto Castellón, OP.

Jueves

Evangelio del día:  03 de Abril

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 49,8-15

Así dice el Señor: «En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: “Salid”, a los que están en tinieblas: “Venid a la luz.” Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua. Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán. Miradlos venir de lejos; miradlos, del norte y del poniente, y los otros del país de Sin. Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados. Sión decía: “Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado.” ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.»

Salmo

Salmo: R. El Señor es clemente y misericordioso.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R.

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 5, 17-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: – «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo.» Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo: – «Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro asombro. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió. Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio,-,- porque ha pasado ya de la muerte a la vida. Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.»

Reflexión del Evangelio de hoy

Hay una canción muy famosa, creo que es un bolero, que muchos la recordamos en la voz de Luis Miguel (esto es signo de que ya no somos jóvenes ni tan mayores, solamente un poco avanzados en conocimientos) que lleva por título: Contigo en la distancia. Muy hermosa por cierto,  una canción que nos eleva a pensar en el amor que no conoce tiempo ni espacio de separación, sino una unión que permanece aún en la distancia.
Esta es, hermanas y hermanos, la experiencia de Jesús y el Padre, el ABBÁ de Jesús, el Padre amoroso nuestro. Jesús siente una cercanía especial con Dios, y aun siendo humano no experimenta la distancia como si Dios se alejara de la humanidad. Al contrario, Jesús hace ver que efectivamente Dios nunca se ha apartado, nunca se aparta ni se apartará de nuestro lado.
Por esta relación cercana, muchos se escandalizaban. Y habría razones para ello: uno, aun cuando el pueblo de Israel había experimentado a ese Dios que caminaba junto a su pueblo en la historia, incluso en el desierto y el destierro, nunca dieron el salto para verse cara a cara con él. Por eso solo Moisés habría estado frente a Dios, pero nunca le vio fijo, pues existía el temor de que al miraro morirían. Dos, ya en la conformación de la fe judía, solamente el Sumo Sacerdote (y eso que solo una vez al año) podría entrar al Santo de los Santos, donde estaba el Arca de la Alianza, signo de la presencia de Dios. Tres, aun cuando parten de una revelación divina, la categoría de MISTERIO LEJANO pesaba más que la comprensiòn de un Dios que es MISTERIO CERCANO.
Ante estas diversas perspectivas Jesús es capaz de hacer más accesible la forma de ver a Dios por medio de la imagen de un Padre que cuida de sus hijos e hijas. Gran escándalo para la comunidad judía pues es inadmisible acercar a Dios de esta manera. Esto se convertirá en una sentencia de muerte.
La exposiciòn de su forma de verse frente a Dios le llevó a un final que ya era esperado por Jesús. No obstante, no quiso que se silenciara la verdad y asumió la responsabilidad de su actuar en libertad.
¿Cómo comprendemos a Dios en vínculación con nuestras vidas? ¿Es acaso un Misterio lejano o un Misterio ABBA que nos llama a la cercanía?
Meditemos en este tiempo sobre nuestras relaciones con Dios y asumamos las consecuencias de nuestras decisiones.
Fraternalmente,

Fray Roberto Castellón, OP.

Jueves

Jueves

Evangelio del día: 11 de Abril

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 17,3-9:

En aquellos días, Abrán cayó rostro en tierra, y Dios le dijo: «Mira, éste es mi pacto contigo: Serás padre de muchedumbre de pueblos. Ya no te llamarás Abrán, sino que te llamarás Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré crecer sin medida, sacando pueblos de ti, y reyes nacerán de ti. Mantendré mi pacto contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como pacto perpetuo. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Díos.»
Dios añadió a Abrahán: «Tú guarda mi pacto, que hago contigo y tus descendientes por generaciones.»

Salmo

Sal 104,4-5.6-7.8-9 R/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente

Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a lsaac. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 8,51-59

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Os aseguro: quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre.»
Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no conocerá lo que es morir para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?»
Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera: “No lo conozco” sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría.»
Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?»
Jesús les dijo: «Os aseguro que antes que naciera Abrahán, existo yo.»
Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Reflexión del Evangelio de hoy

A pocos días ya de iniciar la Semana Santa, la liturgia de la Palabra nos presenta este hermoso relato evangélico, donde ya vamos caminando tensamente a vivir el misterio de nuestra fe: Jesús padece, muere y resucita.
Como hemos leído, Jesús se nos presenta como quien conoce cara a cara a Dios, como el que ya estaba con Dios desde el principio, y como aquel capaz de dar vida por encima de la muerte. Todo esto causa escándalo en la comunidad judía, pues Jesús se está igualando a Dios, y por ello se va tensando la relación con el judaísmo, pues se ve a Jesús como un blasfemo.
¿Qué podemos decir nosotras y nosotros de estas palabras de Jesús? ¿Descubrimos su poder curativo en lo que él nos transmite? ¿Creemos que viviremos si aceptamos y asumimos esta Palabra de Jesús? Todas ellas son preguntas válidas que debemos meditar, pues responder significaría que nos estamos sumergiendo en el Misterio de Dios y el de la humanidad.
Fraternalmente,

Fray Roberto Castellòn, OP.

Sábado

Viernes, 05 de Abril

 

Primera lectura

Lectura del libro de la Sabiduría 2,1ª.12-22.

Se dijeron los impíos, razonando equivocadamente:
«Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada; declara que conoce a Dios y se da el nombre de hijo del Señor; es un reproche para nuestras ideas y sólo verlo da grima; lleva una vida distinta de los demás, y su conducta es diferente; nos considera de mala ley y se aparta de nuestras sendas como si fueran impuras; declara dichoso el fin de los justos y se gloría de tener por padre a Dios. Veamos si sus palabras son verdaderas, comprobando el desenlace de su vida. Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos; lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura, para comprobar su moderación y apreciar su paciencia; lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de él.»
Así discurren, y se engañan, porque los ciega su maldad; no conocen los secretos de Dios, no esperan el premio de la virtud ni valoran el galardón de una vida intachable.

Salmo

Sal 33,17-18.19-20,21.23 R/. El Señor está cerca de los atribulados

El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. R/.

El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo librará el Señor. R/.

Él cuida de todos sus huesos,
ni uno solo se quebrará.
EI Señor redime a sus siervos,
el no será castigado quien se acoge a él. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 7,1-2.10,25-30.

En aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las tiendas. Después que sus parientes se marcharon a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron: «¿No es éste el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que éste es el Mesías? Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene.»
Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: «A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha enviado.»
Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

Reflexión del Evangelio de hoy

Nuestros orígenes. ¡Qué importantes y asombrosos son nuestros orígenes! Recuerdo que cuando estaba llevando la materia de biología en el colegio, y luego antropología en la universidad, nos dejaron una tarea muy particular. Debíamos elaborar nuestro àrbol genealògico familiar para conocer mejor a nuestros antepasados.  Fue una experiencia increíble. Había mucha historia, lugares, anécdotas, era reconstruir la vida familiar en un pequeño esquema que se reducía a nombres y apellidos, en un desglose ramificado que guardaba misteriosamente el origen de mí mismo.
Al conocer mi historia pude comprender mejor mi procedencia, di sentido a muchas de las cosas que hago porque ya alguien lo había realizado, y allí mismo me di cuenta cómo funciona esa cosa de la genética. Hay historias de gente con las que me identificaba y otras que no. Y aunque pareciera como si la historia ya estuviera trazada y linealizada, lo cierto es que siempre podemos tomar otros caminos alternos que nos conduzcan hacia senderos desconocidos y a ambientes nuevos y posibilitadores, que pueden incluso romper con la famosa tradición familiar.
¿Qué quiero decir con toda esta gran hablada? Jesús fue visto por las autoridades como un charlatán. Y por eso, continuamente se buscaba la manera de desacreditarlo, aduciendo que no era profeta, y mucho menos el Mesías. ¿Qué puede salir de bueno de la ciudad de Galilea, su terruño? Esta es una interrogante que busca desacreditar a Jesús, tratando de restar importancia a sus actos, a su Palabra, a su cercanía con Dios, su Abbá.
Las autoridadades no comprenden la misión de Jesús, que sale de un pueblo olvidado para dar fuerza a la Palabra de Dios. Jesús rompe la historia y la comprensión que tenían de los pueblos, obligando a repensar las maneras en que Dios puede actuar. Eso deja claro que Dios siempre trabaja de las maneras que menos esperamos, y siempre nos sorprende porque sale de los lugares más olvidados y necesitados de la historia humana.
Descubramos esos lugares y veamos con claridad los lugares donde se hace presente nuestro Señor.
Fraternalmente,

Fray Roberto Castellón, O.P.

Jueves

Evangelio del día:  06 de Abril

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 11, 18-20

El Señor me instruyó, y comprendí, me explicó lo que hacían. Yo, como cordero manso, llevado al matadero, no sabía los planes homicidas que contra mí planeaban: Jalemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra vital, que su nombre no se pronuncie más.» Pero tú, Señor de los ejércitos, juzgas rectamente, pruebas las entrañas y el corazón; veré mi venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa.

Salmo

Sal 7,2-3.9bc-10.11-12 R/. Señor, Dios. mío, a ti me acojo

Señor, Dios mío, a ti me acojo,
líbrame de mis perseguidores y sálvame,
que no me atrapen como leones
y me desgarren sin remedio. R/.

Júzgame, Señor, según mi justicia,
según la inocencia que hay en mí.
Cese la maldad de los culpables,
y apoya tú al inocente,
tú que sondeas el corazón y las entrañas,
tú, el Dios justo. R/.

Mi escudo es Dios,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es un juez justo,
Dios amenaza cada día. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 7, 40-53

En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían: – «Éste es de verdad el profeta.» Otros decían: -«Éste es el Mesías.» Pero otros decían: – «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?» Y así surgió entre la gente una discordia por su causa. Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima. Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: – «¿Por qué no lo habéis traído?» Los guardias respondieron: – «Jamás ha hablado nadie como ese hombre.» Los fariseos les replicaron; – «¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos.» Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: – «¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?» Ellos le replicaron: – «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas.» Y se volvieron cada uno a su casa.

Reflexión del Evangelio de hoy

Nuestros orígenes. ¡Qué importantes y asombrosos son nuestros orígenes! Recuerdo que cuando estaba llevando la materia de biología en el colegio, y luego antropología en la universidad, nos dejaron una tarea muy particular. Debíamos elaborar nuestro àrbol genealògico familiar para conocer mejor a nuestros antepasados.  Fue una experiencia increíble. Había mucha historia, lugares, anécdotas, era reconstruir la vida familiar en un pequeño esquema que se reducía a nombres y apellidos, en un desglose ramificado que guardaba misteriosamente el origen de mí mismo.
Al conocer mi historia pude comprender mejor mi procedencia, di sentido a muchas de las cosas que hago porque ya alguien lo había realizado, y allí mismo me di cuenta cómo funciona esa cosa de la genética. Hay historias de gente con las que me identificaba y otras que no. Y aunque pareciera como si la historia ya estuviera trazada y linealizada, lo cierto es que siempre podemos tomar otros caminos alternos que nos conduzcan hacia senderos desconocidos y a ambientes nuevos y posibilitadores, que pueden incluso romper con la famosa tradición familiar.
¿Qué quiero decir con toda esta gran hablada? Jesús fue visto por las autoridades como un charlatán. Y por eso, continuamente se buscaba la manera de desacreditarlo, aduciendo que no era profeta, y mucho menos el Mesías. ¿Qué puede salir de bueno de la ciudad de Galilea, su terruño? Esta es una interrogante que busca desacreditar a Jesús, tratando de restar importancia a sus actos, a su Palabra, a su cercanía con Dios, su Abbá.
Las autoridadades no comprenden la misión de Jesús, que sale de un pueblo olvidado para dar fuerza a la Palabra de Dios. Jesús rompe la historia y la comprensión que tenían de los pueblos, obligando a repensar las maneras en que Dios puede actuar. Eso deja claro que Dios siempre trabaja de las maneras que menos esperamos, y siempre nos sorprende porque sale de los lugares más olvidados y necesitados de la historia humana.
Descubramos esos lugares y veamos con claridad los lugares donde se hace presente nuestro Señor.
Fraternalmente,

Fray Roberto Castellón, OP.