Evangelio del día

Evangelio del día

Domingo  22 de Septiembre de 2019

Primera lectura

Lectura del Profeta Amós 8, 4-7

Escuchad esto los que exprimís al pobre,
despojáis a los miserables,
diciendo: ¿cuándo pasará la luna nueva
para vender el trigo,
y el sábado para ofrecer el grano?
Disminuís la medida, aumentáis el precio,
usáis balanzas con trampa,
compráis por dinero al pobre,
al mísero por un par de sandalias,
vendiendo hasta el salvado del trigo.
jura el Señor por la Gloria de Jacob
que no olvidará jamás vuestras acciones.

Salmo

Sal 112, 1-2. 4-6. 7-8 R. Alabad al Señor, que ensalza al pobre.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre el cielo;
¿quién como el Señor Dios nuestro
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra? R.

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo. R.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 2, 1-8

Te ruego, pues, lo primero de todo, que hagáis oraciones, plegarias, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que están en el mando, para que podamos llevar una vida tranquila y apacible, con toda piedad y decoro. Eso es bueno y grato ante los ojos de nuestro Salvador, Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Pues Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos: éste es el testimonio en el tiempo apropiado: para él estoy puesto como anunciador y apóstol –digo la verdad, no miento–, maestro de los paganos en fe y verdad.
Encargo a los hombres que recen en cualquier lugar alzando las manos limpias de ira y divisiones.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 16, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo:
–¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.
El administrador se puso a echar sus cálculos:
– ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y dijo al primero:
¿Cuánto debes a mi amo?
Este respondió:
– Cien barriles de aceite.
El le dijo:
– Aquí está tu recibo: aprisa, siéntate y escribe «cincuenta».
Luego dijo a otro:
– Y tú, ¿cuánto debes?
El contestó:
– Cien fanegas de trigo.
Le dijo:
– Aquí está tu recibo: Escribe «ochenta».
Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.
Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado.
Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro quién os lo dará ?
Ningún siervo puede servir a dos amos: porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

Comentario bíblico

“El administrador astuto”

Tenemos delante un relato difícil de comprender (Lc 16, 1-13). Sacándolo del contexto, podríamos interpretar inadecuadamente su mensaje. El tema de fondo es la reiterada advertencia de Jesús respecto de la relación con los recursos económicos. Quizá este fue un asunto que generó mucha discusión al interior de la comunidad cristiana ¿El dinero está al servicio de la vida o vivimos para el dinero? Actualmente en una sociedad fuertemente mercantilista, donde la tentación es ponerle precio a casi todo, esta cuestión resulta de urgente planteo. 

Disertando acerca de la riqueza y, en particular, para que no nos convirtamos en un instrumento suyo, el Maestro comparte una parábola. En la narración aparece un administrador, es decir una persona que no es dueña de lo que hace y produce. Por tanto, su obligación es rendirle cuentas al propietario. Ante la inminencia de la pérdida del empleo, dado que lo acusaron de haberle malgastado los bienes, decide seguir una estrategia con los clientes para, como él mismo sostiene, “tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan”.

Entonces fue llamando a cada deudor, y les disminuyó un porcentaje de lo que debían según la factura original. Lucas afirma que “el amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz”. ¿En qué consistió la astucia de este hombre, si lo que hizo fue cobrar menos? ¿Por qué lo alaba su jefe?

La audacia del empleado estuvo en rebajar una porción de lo que le correspondía por su labor. De tal modo que, al titular del negocio le entregó los resultados correctamente. A partir de aquí reflexiona Jesús: “Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes?”

Cultivar la gratuidad ayuda a ver la vida y sus circunstancias desde ópticas más edificantes. Ya que no se trata de una mera mercancía. La creación de Dios, de la cual formamos parte, tampoco lo es. Y se nos ha encomendado, no dominarla, sino, darle un abordaje desde lo que hoy entendemos por ética del cuidado. Que reside en la armonización de los vínculos para una convivencia pacífica, partiendo del respeto y el reconocimiento de la legitimidad de quienes habitan el ecosistema que es nuestro nicho vital. 

Lo más importante llega con generosidad, como por ejemplo el hecho de existir. Así, es conveniente superar la cultura de la “cosificación”, para entrar en la dinámica de la colaboración. No cabe duda que requerimos de un trabajo digno que aporte lo suficiente para procurarnos lo que necesitamos para vivir. Pero, si centramos los esfuerzos en la acumulación, la vida misma se vacía de sentido. Queda la tarea de discernir, al decir de Hans Küng, si queremos vivir para trabajar o trabajamos para vivir.

¡Feliz domingo!

Fray Carlos Irías, O.P.

Evangelio del día

Lunes,  12 de Agosto  2019

Primera lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 10,12-22:

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Ahora, Israel, ¿qué es lo que te exige el Señor, tu Dios? Que temas al Señor, tu Dios, que sigas sus caminos y lo ames, que sirvas al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma, que guardes los preceptos del Señor, tu Dios, y los mandatos que yo te mando hoy, para tu bien. Cierto: del Señor son los cielos, hasta el último cielo, la tierra y todo cuanto la habita; con todo, sólo de vuestros padres se enamoró el Señor, los amó, y de su descendencia os escogió a vosotros entre todos los pueblos, como sucede hoy. Circuncidad vuestro corazón, no endurezcáis vuestra cerviz; que el Señor, vuestro Dios, es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, fuerte y terrible; no es parcial ni acepta soborno, hace justicia al huérfano y a la viuda, ama al forastero, dándole pan y vestido. Amaréis al forastero, porque forasteros fuisteis en Egipto. Temerás al Señor, tu Dios, le servirás, te pegarás a él, en su nombre jurarás. Él será tu alabanza, él será tu Dios, pues él hizo a tu favor las terribles hazañas que tus ojos han visto. Setenta eran tus padres cuando bajaron a Egipto, y ahora el Señor, tu Dios, te ha hecho numeroso como las estrellas del cielo.»

Salmo

Sal 147,12-13.14-15.19-20 R/. Glorifica al Señor, Jerusalén

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R/.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 17,22-27

En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos Galilea, les dijo Jesús: «Al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día.» Ellos se pusieron muy tristes.
Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: «¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?»
Contestó: «Sí.»
Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños?»
Contestó: «A los extraños.»
Jesús le dijo: «Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizarlos, ve al lago, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti.»

Reflexión del Evangelio de hoy

Hermanas y hermanos. El Evangelio de este día se encuentra cargado por una crítica importante hacia las autoridades civiles de la época de Jesús. Esta puede incluso llevarse en el tiempo hasta hoy y nos daremos cuenta que, efectivamente, sigue siendo vigente.
Muchos autores y autoras han abordado con gran audacia y sensibilidad el tema de los pobres y marginados de la historia, de los vulnerados, al mismo tiempo que realizan  una crítica a quienes son responsables de la existencia de estos «últimos de la historia». En definitiva, la pobreza es mantenida por aquellos que no apoyan a quienes están lejos de los bienes, del trabajo digno, de la justicia. Se ven vulnerados muchas veces por el aprovechamiento de estos que juegan sucio con los bienes de los más pequeños.
Jesús critica que son otros lo que mantiene el estatus de los ricos. Y que, injustamente, entre las élites sociales no juegan la carta del pago de impuestos, ya que las relaciones deben mantenerse por estrategia corporativa y competitiva.
Gracias a estas «jugadas estratégicas», los pobres siguen siendo la cola de la historia y quienes pagan los platos rotos o al menos limpian los platos vacíos de quienes se deleitaron con el paquete fiscal. Los ricos siguen arriba porque los pobres mantienen sus opulencias, y lo que es peor, los ricos viven por la muerte de los màs desprotegidos.
Jesús es responsable y cumple con lo que se ha establecido socialmente. Pero es crìtico de esta situación que deja una estela de dolor inhumano por la gran brecha que existe y se amplía entre ricos y pobre.
Ojalá, hermanas y hermanos, pongamos nuestras mentes a reflexionar, para dar solución a este problema que venimos acarreando durante muchos siglos. Construyamos de verdad un mundo justo para todas y todos.
Fraternalmente,
Fray Roberto Castellón, O.P.

Evangelio del Día

Martes,  20 de Agosto de 2019

 

Primera lectura

Lectura del libro de los Jueces 6,11-24a

En aquellos días, el ángel del Señor vino y se sentó bajo la encima, de Ofrá, propiedad de Joás de Abiezer, mientras su hijo Gedeón estaba trillando a látigo en el lagar, para esconderse de los madianitas.
El ángel del Señor se le apareció y le dijo: «El Señor está contigo, valiente.»
Gedeón respondió: «Perdón, si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha venid, encima todo esto? ¿Dónde han quedado aquellos prodigios que nos contaban nuestros padres: «De Egipto nos sacó el Señor». La verdad es que ahora el Señor nos ha desamparado y nos ha entregado a los madianitas.»
El Señor se volvió a él y le dijo: «Vete, y con tus propias fuerzas salva a Israel de los madianitas. Yo te envío.»
Gedeón replicó: «Perdón, ¿cómo puedo yo librar a Israel? Precisamente mí familia es la menor de Manasés, y yo soy el más pequeño en la casa de mi padre.»
El Señor contestó: «Yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre.»
Gedeón insistió: «Si he alcanzado tu favor, dame una señal de que eres tú quien habla conmigo. No te vayas de aquí hasta que yo vuelva con una ofrenda y te la presente.»
El Señor dijo: «Aquí me quedaré hasta que vuelvas.» Gedeón marchó a preparar un cabrito y unos panes ázimos con media fanega de harina; colocó luego la carne en la cesta y echó el caldo en el puchero; se lo llevó al Señor y se lo ofreció bajo la encina.
El ángel del Señor le dijo: «Coge la carne y los panes ázimos, colócalos sobre esta roca y derrama el caldo.» Así lo hizo.
Entonces el ángel del Señor alargó la punta del cayado que llevaba, tocó la carne y los panes, y se levantó de la roca una llamarada que los consumió. Y el ángel del Señor desapareció.
Cuando Gedeón vio que se trataba del ángel del Señor, exclamó: «¡Ay Dios mío, que he visto al ángel del Señor cara a cara!»
Pero el Señor le dijo: «¡Paz, no temas, no morirás!»
Entonces Gedeón levantó allí un altar al Señor y le puso el nombre de «Señor de la Paz.»

Salmo

Sal 84,9.11-12.13-14 R/. El Señor anuncia la paz a su pueblo

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de corazón.» R/.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 19, 23-30.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.»
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: «Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.»
Entonces le dijo Pedro: «Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?»
Jesús les dijo: «Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.»

Reflexión del Evangelio de hoy

Hermanas y hermanos. Abrimos este día contemplando un amplio cielo abierto, que deja caer bendiciones, y que nos eleva a las palmas de Dios.
Aunque el Evangelio de Mateo parece un poco cruel con los ricos, millonarios, famosos, estrellas de cine y todos los que son magnates y dueños de emporios empresariales, realmente la riqueza aquí está refiriendo a todo aquello que nos estanca y nos hace pesado el camino de la libertad de las hijas e hijos de Dios. Si esto es así realmente todas y todos estamos en problemas.
Por eso es interesante la pregunta de sus discípulos: «entonces, ¿quién puede salvarse?». Es una pregunta que todas y todos en algún momento nos hemos hecho. ¿ Será que yo podré salvarme? Y empezamos a vernos profundamente y es muy probable que dudemos de nuestra salvación, pues el paradigma del «salvado» es más alto que el mío.
Ante esto, Jesús expresa una respuesta que abre totalmente el horizonte de encuentro con Dios: «para la humanidad es imposible, pero Dios lo puede todo».
Es una respuesta que rompe con aquellos esquemas de que solo los buenos, los bendecidos, los que a los ojos de la humanidad son bondadosos y bondadosas, los perfectos, quienes cumplen con todos los preceptos y mandamientos de la Ley de Dios pueden salvarse.
Jesús está invitándonos a tener fe en lo que Dios quiere de la humanidad, para que este abandono en las manos de Dios sea fructífero.
Tengamos fe en Dios, que nuestra esperanza se nutra de la Palabra de Dios y que su Amor colme nuestro amor, para seguir transformando el mundo en que vivimos.
Fraternalmente,

Fray Roberto Castellón, O.P.

Jueves

Evangelio del día

Miércoles,  21 de Agosto de 2019

Primera lectura

Lectura del libro de los Jueces 9,6-15

En aquellos días, los de Siquén y todos los de El Terraplén se reunieron para proclamar rey a Abimelec, junto a la encina de Siquén.
En cuanto se enteró Yotán, fue y, en pie sobre la cumbre del monte Garizín, les gritó a voz en cuello: «¡Oídrne, vecinos de Siquén, así Dios os escuche! Una vez fueron los árboles a elegirse rey, y dijeron al olivo: «Sé nuestro rey.» Pero dijo el olivo: «¿Y voy a dejar mi aceite, con el que engordan dioses y hombres, para ir a mecerme sobre los árboles?» Entonces dijeron a la higuera: «Ven a ser nuestro rey.» Pero dijo la higuera: ¿Y voy a dejar mi dulce fruto sabroso, para ir a mecerme sobre los árboles? » Entonces dijeron a la vid: «Ven a ser nuestro rey.» Pero dijo la vid: «¿Y voy a dejar mi mosto, que alegra a dioses y hombres, para ir a mecerme sobre los árboles?» Entonces dijeron a la zarza: «Ven a ser nuestro rey.» Y les dijo la zarza: «Si de veras queréis ungirme rey vuestro, venid a cobijaros bajo mí sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano.»»

Salmo

Sal 20,2-3.4-5.6-7 R/. Señor, el rey se alegra por tu fuerza

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuánto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios. R/.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término. R/.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 20,1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: «Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.» Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: «¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?» Le respondieron: «Nadie nos ha contratado.» Él les dijo: «Id también vosotros a mi viña.» Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: «Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.» Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: «Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. Él replicó a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?» Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»

Reflexión del Evangelio de hoy

Hermanas y hermanos. Nos encontramos nuevamente ante un Evangelio que es sumamente crítico de las actitudes humanas. En este caso, la perícopa (el pasaje del Evangelio que estamos leyendo hoy) es enfàtica en tres cosas que voy a tratar de explicar.
La primera: Dios llama a quien quiere en el momento que él desea. Sin hacer distinción de ninguna clase, Dios toma siempre la iniciativa de acercarse al ser humano y proponerle ser parte de las obras del reino. Es así que Dios se presenta como quien llama. La humanidad es quien está en busca de algo, de ese «yo no sé qué» que hace falta en la vida individual. Pero que, al sentirse angustiado por la falta de «eso» (representado por la angustia de no tener trabajo, terrible e injusta situació  humana), siente el vacío y el sin sentido. Dios se acerca y llama a todas y todos en cualquier momento y sin importar nuestra condición. Nosotras y nosotros decidimos si vamos o no con él.
Segundo: Dios da siempre beneficios a la humanidad. Y es un beneficio justo. Nunca engaña, es claro. Este Dios siempre està dando lo mejor para sus hijas e hijos. Y no es un Dios de mentiras. Él siempre cumple, en su momento, lo que ha pactado con cada una y cada uno de nosotros.
Tercero: el ser humano es envidioso. Aún cuando estamos enlistados y trabajando por el reino, muchas veces somos egoístas, sintiendo que a medida que voy ganando experiencia, experticia, y años de trabajo por el reino, soy más importante que todos los demás. Y como soy más importante merezco más, mientras que los recién llegados merecen muchísimo menos.
Este es el problema hermanas y hermanos. El egoísmo humano trata de frenar la acción de Dios, y aunque no lo logre, muchas veces trata de crear una falsa idea de Dios, como si Dios fuese elitista, que clasifica al ser humano según bondades o maldades, experiencias o inexperiencias. Dios hace lo que es justo para todas y todos, y por eso es que se hace del lado de los más vulnerados de la historia ya que siempre son los que se llevan la peor parte, pero no porque Dios así lo haya querido sino porque el ser humano así lo ha decidido por Dios
Pensemos realmente en qué lugar estamos y dejemos a Dios ser DIOS.
Fraternalmente,
Fray Roberto Castellón, OP.

Jueves

Jueves

Evangelio del día

Jueves, 22 de Agosto de 2019

 Primera lectura

Lectura del libro de los Jueces 11.29-39a

En aquellos días, el espíritu del Señor vino sobre Jefté, que atravesó Galaad y Manasés, pasó a Atalaya de Galaad, de allí marchó contra los amonitas, e hizo un voto al Señor: «Si entregas a los amonitas en mi poder, el primero que salga a recibirme a la puerta de mi casa, cuando vuelva victorioso de la campaña contra los amonitas, será para el Señor, y lo ofreceré en holocausto.»
Luego marchó a la guerra contra los amonitas. El Señor se los entregó; los derrotó desde Aroer hasta la entrada de Minit (veinte pueblos) y hasta Pradoviñas. Fue una gran derrota, y los amonitas quedaron sujetos a Israel. Jefté volvió a su casa de Atalaya. Y fue precisamente su hija quien salió a recibirlo, con panderos y danzas; su hija única, pues Jefté no tenía más hijos o hijas.
En cuanto la vio, se rasgó la túnica, gritando: «¡Ay, hija mía, qué desdichado soy! Tú eres mi desdicha, porque hice una promesa al Señor y no puedo volverme atrás.»
Ella le dijo: «Padre, si hiciste una promesa al Señor, cumple lo que prometiste, ya que el Señor te ha permitido vengarte de tus enemigos.»
Y le pidió a su padre: «Dame este permiso: déjame andar dos meses por los montes, llorando con mis amigas, porque quedaré virgen.»
Su padre le dijo: «Vete.»
Y la dejó marchar dos meses, y anduvo con sus amigas por los montes, llorando porque iba a quedar virgen. Acabado el plazo de los dos meses, volvió a casa, y su padre cumplió con ella el voto que habla hecho.

Salmo

Sal 39,5.7-8a.8b-9.10 R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor,
y no acude a los idólatras,
que se extravían con engaños. R/.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy.» R/.

–Como está escrito en mi libro–
«para hacer tu voluntad».
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas. R/.

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 22,1-14

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: «Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda.» Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: «La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.» Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?» El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: «Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.» Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

Reflexión del Evangelio de hoy

Hermanas y hermanos. La celebración de la vida, de los acontecimientos más importantes de la historia humana son realmente momentos en los que buscamos compartir con otras y otros la felicidad que tenemos, queremos que los demás sepan que estamos muy contentos y deseamos tener un espacio para que festejemos en comunidad, en un solo corazón. Pero, ¿qué pasa cuando no deseamos compartir con los demás esa alegría?  ¿Qué ocurre cuando menospreciamos el sentir del otro?
El Evangelio de este día se encuadra en esta situación. Jesús haciendo uso de una imagen, narra cómo un rey quiere festejar con sus seres allegados la alegría de la boda de su hijo. Pero es minusvalorado y despreciada su invitación. Ante ello, el rey decide que ya no insistirá a estos y abre las puertas del festejo a todo aquel que pase por las calles. A él no le importa si se conocen o no, sino el gesto de disponernos a la fiesta para compartir.
Aquí llama la atención un personaje que ha llegado sin traje de fiesta. Parecería una locura porque el rey ha invitado a todos lo de las calles, gente que no estaba lista para la fiesta y es ilógico que lo corra si no le ha dado tiempo o no tiene dinero para comprarse el traje. He aquí el punto en cuestión: ¿a qué se refiere con el traje de fiesta?
El traje de fiesta no es algo físico sino la disposición para entrar en la celebración. Es una disposición interior que se hace notar con todas sus letras. Pues una persona que no quiere estar en un lugar se hace visible ante los demás por sus actitudes.
El traje es la actitud nuestra para asumir la alegría del reino de Dios, es la fe que nace de la esperanza en el amor, donde sabemos que todas y todos estamos llamadas y llamados, donde sabemos que no existe exclusión de parte de quien nos llama, pero sí la autoexclusiòn que se siembra cuando nosotras y nosotros no estamos dispuestos a vivir la alegría que viene de Dios.
Pongámonos el traje de fiesta, creamos en las bondades de Dios, seamos constructores del reino y festejemos la Vida que viene de Dios y que se nos da gratuitamente.
Fraternalmente,

Fray Roberto Castellón, OP.

Sábado

 Evangelio del Día

Viernes, 23 de  Agosto de 2019

Primera lectura

Comienzo del libro de Rut 1,1.3-6 14b-16.22

En tiempo de los jueces, hubo hambre en el país, y un hombre emigró, con su mujer Noemí y sus dos hijos, desde Belén de Judá a la campañía de Moab. Elimelec, el marido de Noemí, murió, y quedaron con ella sus dos hijos, que se casaron con dos mujeres moabitas: una se llamaba Orfá y la otra Rut. Pero, al cabo de diez años de residir allí, murieron también los dos hijos, y la mujer se quedó sin marido y sin hijos. Al enterarse de que el Señor habla atendido a su pueblo dándole pan, Noerm, con sus dos nueras, emprendió el camino de vuelta desde la campiña de Moab. Orfá se despidió de su suegra y volvió a su pueblo, mientras que Rut se quedó con Noemí.
Noemí le dijo: «Mira, tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a su dios. Vuélvete tú con ella.»
Pero Rut contestó: «No insistas en que te deje y me vuelva. Donde tú vayas, iré yo; donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo es el mío, tu Dios es mi Dios.»
Así fue como Noemí, con su nuera Rut, la moabita, volvió de la campiña de Moab. Empezaba la siega de la cebada cuando llegaron a Belén.

Salmo

Sal 145,5-6ab.6c-7.8-9a.9be-10 R/. Alaba, alma mía, al Señor

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él. R/.

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 22,34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús habla hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»
Él le dijo: «»Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Reflexión del Evangelio de hoy

Hermanas y hermanos. El Evangelio de este día nos acerca al corazón de la humanidad. Así es. Y es que, efectivamente, el memorar el decálogo es recordar también la experiencia de Dios con su pueblo.
Cuando se acercan a Jesús para preguntarle cuál es el mandamiento principal, en el fondo las preguntas que resuenan son: ¿sigues la Ley? ¿La conoces? ¿Realmente estás en sintonía con el pueblo que Dios ha elegido? ¿Cumples esta ley?
Es por ello que Jesús, antes de responder, trata de entrar directamente al centro de la historia de este pueblo que ha sido testigo de la majestad de Dios, de su cuidado, de su cariño. Al responder que el mandamiento principal es amar a Dios por encima de todo, Jesús está afirmando que es gracias a este Dios que hemos sido salvado de la esclavitud, que hemos sido escuchado en el dolor, que hemos sido perdonados en el error, que hemos sido cuidados en el abandono, que hemos sido alimentados en los tiempos de hambre, y que nunca nos ha dejado solas ni solos aun en los peores escenarios de la vida.
Ya esto es una mega respuesta. Pero Jesús sigue buscando más en la Torah, y acerca este mandamiento principal a otro de igual envergadura: amar al prójimo como a uno mismo. Amar al prójimo y la prójima implica hacer lo mismo que Dios ha hecho con nosotras y nosotros, pues nos reconocemos iguales y responsables de la vida de los que tenemos al lado.
Si nos descubrimos amados por Dios y responsables de nuestras hermanas y hermanos en el amor, también tendríamos que aplicar el mismo mandamiento a la Creación que es obra de las manos de Dios, la cual nos cuida y es bondadosa con todas y todos. Si seguimos la Ley, no podemos olvidar que también es necesario amarnos a nosotras y nosotros mismos, pues de lo que tengamos en nuestro corazón también hablará nuestra boca y acciones.
Cumplamos realmente con el mandamiento de amor, recordando todo lo que implica.
Fraternalmente,
Fray Roberto Castellón, O.P.

Jueves

Evangelio del día

Sábado,  06 de Abril de 2019

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 11, 18-20

El Señor me instruyó, y comprendí, me explicó lo que hacían. Yo, como cordero manso, llevado al matadero, no sabía los planes homicidas que contra mí planeaban: Jalemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra vital, que su nombre no se pronuncie más.» Pero tú, Señor de los ejércitos, juzgas rectamente, pruebas las entrañas y el corazón; veré mi venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa.

Salmo

Sal 7,2-3.9bc-10.11-12 R/. Señor, Dios. mío, a ti me acojo

Señor, Dios mío, a ti me acojo,
líbrame de mis perseguidores y sálvame,
que no me atrapen como leones
y me desgarren sin remedio. R/.

Júzgame, Señor, según mi justicia,
según la inocencia que hay en mí.
Cese la maldad de los culpables,
y apoya tú al inocente,
tú que sondeas el corazón y las entrañas,
tú, el Dios justo. R/.

Mi escudo es Dios,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es un juez justo,
Dios amenaza cada día. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 7, 40-53

En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían oído los discursos de Jesús, decían: – «Éste es de verdad el profeta.» Otros decían: -«Éste es el Mesías.» Pero otros decían: – «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?» Y así surgió entre la gente una discordia por su causa. Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima. Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: – «¿Por qué no lo habéis traído?» Los guardias respondieron: – «Jamás ha hablado nadie como ese hombre.» Los fariseos les replicaron; – «¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos.» Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: – «¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?» Ellos le replicaron: – «¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas.» Y se volvieron cada uno a su casa.

Reflexión del Evangelio de hoy

Nuestros orígenes. ¡Qué importantes y asombrosos son nuestros orígenes! Recuerdo que cuando estaba llevando la materia de biología en el colegio, y luego antropología en la universidad, nos dejaron una tarea muy particular. Debíamos elaborar nuestro àrbol genealògico familiar para conocer mejor a nuestros antepasados.  Fue una experiencia increíble. Había mucha historia, lugares, anécdotas, era reconstruir la vida familiar en un pequeño esquema que se reducía a nombres y apellidos, en un desglose ramificado que guardaba misteriosamente el origen de mí mismo.
Al conocer mi historia pude comprender mejor mi procedencia, di sentido a muchas de las cosas que hago porque ya alguien lo había realizado, y allí mismo me di cuenta cómo funciona esa cosa de la genética. Hay historias de gente con las que me identificaba y otras que no. Y aunque pareciera como si la historia ya estuviera trazada y linealizada, lo cierto es que siempre podemos tomar otros caminos alternos que nos conduzcan hacia senderos desconocidos y a ambientes nuevos y posibilitadores, que pueden incluso romper con la famosa tradición familiar.
¿Qué quiero decir con toda esta gran hablada? Jesús fue visto por las autoridades como un charlatán. Y por eso, continuamente se buscaba la manera de desacreditarlo, aduciendo que no era profeta, y mucho menos el Mesías. ¿Qué puede salir de bueno de la ciudad de Galilea, su terruño? Esta es una interrogante que busca desacreditar a Jesús, tratando de restar importancia a sus actos, a su Palabra, a su cercanía con Dios, su Abbá.
Las autoridadades no comprenden la misión de Jesús, que sale de un pueblo olvidado para dar fuerza a la Palabra de Dios. Jesús rompe la historia y la comprensión que tenían de los pueblos, obligando a repensar las maneras en que Dios puede actuar. Eso deja claro que Dios siempre trabaja de las maneras que menos esperamos, y siempre nos sorprende porque sale de los lugares más olvidados y necesitados de la historia humana.
Descubramos esos lugares y veamos con claridad los lugares donde se hace presente nuestro Señor.
Fraternalmente,

Fray Roberto Castellón, OP.